
Meteme en una cajita de zapatos y cierrala hasta que se llene de polvo, hasta que pequeños duendes de color comienzen a hablarme, a tocar mis ojos y mi boca, hasta que me regalen un amanecer nuevo. Caigo en una lagrima de tus ojos, o en la sonrisa que jamás nunca nadie me ha podido dar. Me encierro en mi alma, en mi música y apesar de todo, le muestro ahora a todo el mundo como soy.
Me hago un pequeño feto, y soy asi para siempre, escuchando tu voz, tomando tu mano, orando para que el siempre exista a tu lado. Vuelo por el espacio, hasta que los meteoritos desvian mi curso, entro en la atmosfera y el viento me quema, quema mi pelo, mis manos, mis piernas y mi cabeza.
Caigo, y cuando lo hago, veo los grandes campos, veo los cultivos, y veo a Dios que me saluda con una risa tierna. Sigo cayendo. Atravieso nubes, y abro mi boca para tratar de comerlas, pero, que ¡¡que ingenuo soy!!, las nubes son gases, nada mas que eso, no es algodon, no es un colchon. Finalmente aterrizo en el cuerpo de una flor gigante, y reboto, y me adentro en el nucleo del atardecer, viviendo en una gotita de agua que cae desde un manantial de piel, que algunos lo definen como tu llanto. Desato una sonrisa desenfrenada en mi rostro, y ahora si, viviré infinitamente, trascenderé hasta donde nadie a podido llegar. Dejaré un legado, una huella en tu rostro, dejaré morir mi cuerpo al final de todos mis tiempos, y secaré con las cenizas del futuro que ya nunca mas llego mi sangre.
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