miércoles, 25 de noviembre de 2009

Tiempo


Desempolvaba viejos acordeones en una habitación oscura. Cada vez que pasaba mis manos cansadas por las superficies sucias de los instrumentos, recordaba amoríos antiguos, besos que no volverán, memorias en blanco y negro, con sabor a vinos rojos. De la nada estoy frente a un piano otra vez, como en mis mejores tiempos. De mis ojos empiezan a caer lagrimas de nostalgia, recuerdo cuando tu cuerpo era mio, las noches de bohemia que pasabamos juntos, con risas verdaderas, con el humo del cigarro cubriendo la luna en nuestro esplendor. Tu piel desnuda era solo mía, y no me preocupaba nada mas.
Toco con timidez otra vez las teclas, y suena un do, un fa, y un si sostenido. Entonces todo se vuelve espeso, todo se hace negro y solo yo y mi piano existimos en ese momento, cuando las notas ya no suenan con timidez, cuando por fín se hacen un grito de rebeldía en el silencio de una ciudad acallada por la tristeza. Escucho como bajas las escaleras y llegas hasta donde mi. Los dos estamos demasiado viejos ya para hacer ese tipo de cosas, pero de todas maneras tomo tu mano y subo contigo a la habitación. Hacemos el amor una y mil veces, sintiendo como esos momentos vuelven en pequeños racontos de gotas de lluvia. Veo todavia esa chispa de esperanza que guardan tus ojos, veo la escencia en tu alma, y le pregunto a Dios, porque bendijo a una bestia como yo, con tan hermosa criatura. Juré una vez, que podría vivir la vida entera enamorado de tí, y lo he cumplido al pie de la letra, aunque ya no seamos jovenes ni activos, mi amor por tí no se va, tampoco la lujuria que desatas en mi cuando me miras con ojos de gata.
Tomo un ultimo trago y vuelvo a bajar al sotano donde tengo todo lo que me había hecho volver a los ansiados tiempos que no volverán.

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