miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ese día.



Estaba terminando de abrocharme los botones de lo que iba a ser mi traje para el funeral. Cristoff, siempre amable, me miró con impaciencia
-Mi señor, hoy usará la peluca?
-No viejito de mi vida, hoy quiero andar con mi cabello suelto- Lo besé en la frente calva que tenía y partí a bailar lejos de la habitación en la que había vivido tantos amoríos, tantas orgías y fiestas desenfrenadas. A lo lejos se podía escuchar la música y en el pasillo, las cortinas blancas bailaban fantasmales, dejando entrar la luz de la luna. No podía evitarlo, las cortinas me invitaban a bailar, asi que giré y giré y bailé con ellas: Gracias hermosas cortinas, hoy será una noche terrorífica. Cuando voy bajando la escalera de caracol, Cristoff me toma el brazo...
-Mi señor, olvidó ponerse la máscara. No, Cristoff, no lo había olvidado, la gracia de una mascarada, es que nadie sabe con certeza quien es quien, incluso la muerte podía disfrazarse y pasar desapercibida, pero si hoy yo tenía la suerte de que la muerte acudiera al palacio, entonces quería que me reconociera, que me mirara a los ojos, con fuerza, que me estrujara el alma y que me llevara lejos, con sus besos fríos. -Guardala- le dije a mi viejo esclavo -Cuando pase esta noche, véndela y paga la libertad tuya y de todos los esclavos del palacio y huyan, huyan lejos. Cristoff no pareció alegrarse, en su rostro tenía un dejo de preocupación. Esa fue la última vez que vi al viejito que amé mas que a mi padre.
  Bajando las escaleras pude ver a los demás, todos estaban elegantes, impecables. Los hombres vestían de negro y las mujeres vestidos enormes de colores "femeninos". Todos bailaban. Entre las hojas y ramas, vi a mi mujer, la Reina, que venía saliendo de un revolcón con uno de los esclavos sexuales de ella (que por suerte, yo también alcancé a disfrutar haha). Se me acerca, me toma del brazo y yo le saco una hoja de su peluca. Conversamos con algunos viejos horribles, que tenían sangre y gula en sus manos, envidia, violaciones tras sus espaldas, abusos, asesinatos, ese tipo de gente con la que había tenido que relacionarme toda mi vida por protocolos sociales. Hoy no me parecían la peor escoria, hoy ellos solo eran humanos; los demonios todavía no salían a jugar. Le pedí con cortesía al pianista que me cediera su lugar y toqué con la orquesta el último vals. La pequeña Alice, mi hija, estaba radiante, iba con su mejor amiga de la mano, para mostrarle el cadáver de nuestro perro, Borja, quien había sido envenenado cuando se comió el plato que iba dirigido a mi. Y entonces la vi, a la mujer mas asombrosa que conocí en mi vida. Ella no bailaba, ella danzaba, se movía al ritmo estremecedor de la música, como si fuese parte de ella, o si ella fuese parte del viento o tal vez, incluso, como si el viento fuese parte de ella. Bailaba con un viejo chico, regordete, me parecía un pingüino o una pequeña piraña. Quise ahorcarlo con mis propias manos, quería que dejara de mirarla así, pero ya no era momento de luchar, era el momento de descansar. Ella me dió una mirada que me vibró hasta lo mas profundo del espíritu, como la mirada de un asesino cuando siente compasión por su presa, aún sabiendo que la quiere destrozar. Una mirada tan cómplice, que podría contar mas historias que la propia biblia. Por un momento quise abortar mi misión, quise dejar de lado la muerte y vivir, vivir mas que nunca, sólo para averiguar si alguien mas podría mirarme así alguna vez. CÁLLATE - le grité a mis pensamientos - ahora no es el momento para titubear.
  La Reina me miró y supe que era el momento. Tomé las dos copas mas hermosas que encontré, dos botellas de vino y a mi señora esposa del brazo. Salimos del palacio riendo, bailando, tarareando y nos adentramos en el bosque cerca del palacio. Ese día, colgado a un árbol familiar, no amanecí vivo.

Donde quedó Simón?



Se quedó ahí, aullando, como perro moribundo, hasta que pasaron, dos, tres? cuantas? quien sabe cuantas vidas pasaron hasta que el perro moribundo volviera a ser rey?. Detente me dijo entonces. Simón estaba frente mío como una especie de fantasma mental, con todos mis secretos y todos los secretos propios. 

-Simón? Donde estás muerto?
-La muerte no existe
-Pero tú eres un fantasma 

-Y tú eres un fantasma recién nacido. 

Entonces comprendí, que mientras mas cerca la muerte baila, mas vivo me siento. Simón fue un lider estratégico increíble, nunca pudo demostrar sus dotes porque nunca hubo guerra fuera de su cabeza. Terminó ahorcado a una edad correcta, ahorcado por sus propias manos. A veces los dos vagamos por los bosques y la niebla. A veces, los dos estamos mas vivos que nunca. Les prometo, que la próxima entrada, será la del Rey. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Dialogó.

Que nos pasó?-

Es que la noche estaba ahí afuera, me desesperé. En un intento único de sobrevivir me fui, para cuando recobré la compostura, no sabía donde estaba-

-La muerte, enfurecida, golpeó tres veces en la mesa de madera-

Por qué el sigue bailando entonces?-

No, el no se recuperó todavía.-