
Despierto una suave noche de verano, rodeado de gente y tirado en la calle, helado como un vidrio besado por la lluvia. Escucho a lo lejos una voz que dice que no pare de moverme, que esta cerca mio y debo encontrarla para que ella no llore. Toco atonito mis oidos para saber si es que estan dormidos o algo por el estilo, pero nada, todo esta bien o por lo menos eso siento est noche. Me levanto, la gente ya habia empezado a reunirse en torno a mi y me hablaba, pero yo no entendía mucho a que se referían, ni siquiera sabia si hablaban algún idioma o algo así. Tomo mi mochila del alma, que es mi cuerpo, doy grandes pasos y voy dejando atrás a la gente que me habia visto como nací en el suelo. En mi camino, voy viendo cosas espectaculares para mí, un pajarito tomaba con su pico una ramita para hacer su nido, un niño me miraba con sus ojitos completamente azules, me miraba sin extrañeza, sin miedo, como lo hacen muy pocos. Escuche ,música que inevitablemente me traían el ritmo a mis venas, y muevo mis manos y dedos al ritmo de esos compases calientes.
Ya deben ser casi las 2 a.m. y en la calle ya no hay nadie mas, solo un camino de velitas puesta en fila, que algo me quieren decir. La luz que refleja mi rostro me hace ver extremadamente tenebroso, y los pocos que estaban en la calle, se iban disimuladamente cuando me veían. Esas luces que duermen en este camino infinito me muestran que al final del camino, está mi casa donde puedo llorar tranquilo, donde puedo reir sin miedo. Mas allá del horizonte de luces por fin te encuentro, y tu pelo baila con el viento, tus ojos están llorosos y no sé porque, y tu corazón, es mi hogar otra vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario